Taller sobre disruptores endocrinos y tóxicos en el hogar: cómo reconocerlos y evitarlos

El pasado 5 de marzo la asociación Auba disfrutó de un taller a cargo de Laura Llodrà (@ayurnamat.lowtox). La charla, enfocada en reducir las exposiciones a productos tóxicos nos llevó a recorrer las diferentes estancias de nuestro hogar para reconocer en cada una de ellas los productos dañinos. Como inicio del taller hicimos un pequeño ejercicio para tomar conciencia de la cantidad de productos de higiene y belleza que a diario nos ponemos en nuestra piel: geles, champús, desodorantes, maquillajes, perfumes… De media más de 10 productos, todos ellos de venta en supermercados, tiendas especializadas e incluso farmacias, todos ellos que han pasado controles de calidad para poder llegar al mercado, todos cumpliendo la legislación y la normativa, pero la mayoría con ingredientes tóxicos, derivados del petróleo, químicos… que acumulados día tras día sobre nuestra piel generan el llamado efecto cóctel que pueden acabar por modificar cómo actúan nuestras hormonas, y producir reacciones en nuestro cuerpo no deseadas. Son los disruptores hormonales que engañan a nuestro cuerpo haciéndole creer que hay más estrógeno del necesario, o que bloquean la acción de algunas hormonas y desajustan por completo nuestro equilibrio natural, es por este motivo que resulta tan necesario identificarlos a través del INCI, es decir la lista de ingredientes que todo producto debe llevar en su etiqueta. Laura nos indicó una serie de nombres de los compuestos para tener las herramientas que nos permitan identificarlos y evitarlos a la hora de comprar: parabenos, parfum o fragance, ingredientes etoxilados, ftalatos y un largo etcétera.

Pero para que nos resultara más sencillo y no saturarnos con todo lo que en nuestro hogar nos puede hacer daño, comenzamos una pequeña ruta por una vivienda y sus distintas habitaciones, y lo que en cada una de ellas encontraremos y cómo sustituirlo por alternativas más sanas.

Nuestra primera parada fue la cocina, en la que no sólo hemos de fijarnos en los utensilios que usamos para cocinar sino también en los productos alimentarios que compramos. Un cambio sencillo y de gran impacto puede ser las clásicas fiambreras de plástico que muchas usamos para almacenar alimentos o incluso calentarlas en el microondas, dónde el plástico al entrar en contacto con el calor libera tóxicos que pasan directamente al alimento y después ingerimos. Las podemos sustituir por recipientes de vidrio fáciles de limpiar y que resisten altas temperaturas. De igual forma podemos sustituir sartenes y ollas de teflón por otras de acero inoxidable, hierro fundido o cerámica. Al pasar por el baño nos detuvimos algo más ya que aquí encontramos todos aquellos productos de higiene y belleza en los que muy a menudo están presentes compuestos que a largo plazo pueden acabar dañándonos. Podemos iniciar los cambios con aquellos que usamos a diario y que pueden ser de rápida absorción como es la pasta dental, desodorante, geles de ducha y champús y los perfumes y ambientadores del hogar que al ser inhalados pasan directamente a nuestro sistema respiratorio.

Del baño pasamos al dormitorio y aquí descubrimos que aunque no hay productos cosméticos ni de limpieza también puede haber objetos que nos dañen. Con la llegada de la industria petrolífera, se descubrieron nuevos tejidos: resistentes, cómodos y baratos, pero derivados del petróleo y que llevamos muchas horas en contacto directo con la piel de nuestro cuerpo. Sin que nos demos cuenta liberan micro y nanoplásticos que acabamos ingiriendo. De nuevo hay que volver a los tejidos más naturales evitando los sintéticos, tanto por nuestra salud como por la salud del planeta.

Y finalmente todo nuestro hogar lo limpiamos con mil y un productos específicos para la grasa, para la vitro, para el cristal, para la cerámica, para la madera… los productos de limpieza tienen composiciones realmente nocivas, a veces basta con regresar a los productos de limpieza de toda la vida, que nuestras abuelas usaban y recordar que aunque huela a pino, a rosas o a jazmín no significa que esté limpio y sea sano.

Para ayudarnos en la elección de productos más respetuosos y no dañinos y no volvernos locas con los nombres tan extraños de los químicos, por suerte contamos con diferentes sellos de calidad que podemos reconocer fácilmente y nos ayudarán a comprar mejor y con criterio. Algunos ejemplos de estas certificaciones son: Ecocert, Natrue, Cosmebio, BDIH, Demeter o Soil association. Pero gracias a personas como Laura, a científicos como el Dr. Nicolás Olea y divulgadores podemos encontrar mucha información sobre este tema y los diferentes productos que son mejores para nosotras y nuestras familias y hogares.

Eva P.